Nuestra historia
Todo comenzó en 1982, cuando Doña Esperanza Ruiz decidió que las técnicas que había aprendido de su madre y su abuela no podían morir con ella. En aquella época, muchos jóvenes abandonaban los oficios tradicionales en busca de oportunidades en las ciudades. Ella vio cómo talleres centenarios cerraban sus puertas, cómo hornos de barro quedaban fríos para siempre.
Con los ahorros de toda su vida, alquiló un pequeño espacio en el centro de Oaxaca. No tenía un plan de negocios ni conocimientos de mercadotecnia. Solo tenía la certeza de que había personas en el mundo que valorarían lo que ella podía enseñar. Su primer alumno fue un antropólogo estadounidense que buscaba entender los procesos detrás de las piezas que coleccionaba. El segundo fue una joven oaxaqueña que había crecido viendo trabajar a su abuela pero nunca había tomado las herramientas ella misma.
De un cuarto a una comunidad
A lo largo de los años ochenta y noventa, el espacio creció. Doña Esperanza invitó a otros maestros artesanos a unirse: Don Celestino, experto en telar de pedal; la maestra Soledad, guardiana de secretos de tintura con grana cochinilla; Don Aurelio, cuyas manos habían tallado miles de alebrijes.
Cada uno trajo consigo no solo técnicas, sino filosofías distintas sobre el trabajo manual. Algunos eran rápidos y precisos; otros, lentos y contemplativos. Esta diversidad se convirtió en una fortaleza. Los estudiantes podían encontrar un maestro cuyo ritmo resonara con el suyo.
Mi abuela siempre decía que el barro tiene memoria. Cuando lo trabajas con prisa, él lo sabe. Cuando lo trabajas con amor, también lo sabe. Esa enseñanza es lo que tratamos de transmitir aquí cada día.
La siguiente generación
Hoy, el taller ocupa un edificio completo. Doña Esperanza falleció en 2019, pero su legado continúa a través de su hija Carmen y de los muchos artesanos que pasaron por sus manos. Algunos de nuestros maestros actuales fueron estudiantes hace décadas; ahora transmiten lo que aprendieron a una nueva ola de personas curiosas.
No nos hemos modernizado en el sentido convencional. No usamos hornos eléctricos cuando el horno de leña produce mejores resultados. No sustituimos pigmentos naturales por sintéticos para ahorrar costos. Lo que sí hemos hecho es documentar. Cada técnica, cada receta de esmalte, cada patrón textil está ahora registrado en archivos que preservarán este conocimiento incluso si un día no quedara nadie para enseñarlo directamente.
Nuestro equipo actual
El taller cuenta actualmente con seis maestros artesanos de tiempo completo y varios colaboradores que se especializan en áreas específicas. Cada uno ha dedicado mínimo quince años a su oficio. No contratamos instructores; formamos artesanos que eventualmente eligen quedarse a enseñar.
Además del equipo de enseñanza, contamos con personal administrativo que se encarga de que todo funcione: desde la logística de materiales hasta la coordinación de grupos y la comunicación con participantes potenciales. Ellos permiten que los maestros se concentren en lo que mejor saben hacer.